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En
el articulo anterior terminamos hablando sobre un tema que considero va
a condicionar el futuro comportamiento de los tenedores de dinero fiduciario.
Próximamente, se incorporaran a la circulación nuevas denominaciones
de 10.000, 20.000 y 50.000 Bolívares en papel moneda.
Son varias las razones que han llevado a las autoridades monetarias a
tomar la determinación de autorizar la referida emisión.
Podríamos mencionar entre ellas:
La perdida caso total del poder adquisitivo de nuestro signo monetario
por efectos de la continua depreciación de la moneda, de la inflación
consecuente y de continuas revisiones –justas o no- de las escalas
de sueldos y salarios. Que no son mas que espejismos pasajeros que terminan
desvaneciéndose entre sentimientos de frustración y resentimiento,
que son al fin y al cabo el mejor combustible a utilizar por “quienes
siempre han estado interesados en cambiar para seguir igual” y mas
recientemente “otros” la usan como bandera para sus propios
fines sin atenerse a las expectativas que generan y que seguramente no
podrán honrar cuando la realidad los alcance.
Otra razón, esta mas bien de tipo operativo, es que por efecto
de esa misma perdida de poder adquisitivo aumenta la velocidad de circulación
de la moneda acelerando el desgaste y, por tanto, la vida útil
del papel moneda.
Así mismo, por el efecto de depreciación del signo se genera
la necesidad de denominaciones más altas para simplificar las operaciones,
solo que esto trae como consecuencia su envilecimiento, dado que las personas
tienen la tendencia a dejar de utilizar las denominaciones menores por
que se tornan incomodas de transportar en grandes cantidades para transacciones
relativamente pequeñas.
Esto tiene un doble efecto inflacionario: uno, el que los mismos compradores
otorgan al redondear los montos a pagar y otro cuando los comercios lejos
de redondear hacia abajo lo hacen hacia arriba.
Cuando se calculan y se suman estas “pequeñas cantidades”
nos damos cuenta que el resultado es asombroso en cuanto a la incidencia
que tendrá sobre el índice de precios.
Es aquí, donde pienso que está la parte más perversa
de las nuevas denominaciones, porque si ya es corriente que escuchemos
decir “pero es que cien bolívares no son nada”, la
verdad es que si lo son si no, que lo digan los que realmente trabajan,
cuanto esfuerzo les cuesta el ganárselos.
No es muy difícil imaginarse que pasara con este billete cuando
pase a ser prácticamente el sencillo para las propinas menores
– y le aseguro que quien lo reciba lo mirara con cara de pocos amigos
-. También seguramente en corto tiempo generara un efecto igual
contra la denominación de quinientos Bolívares y así
seguirá poco apoco con las demás. Es decir, podríamos
estar abriendo las puertas de la hiperinflacion por la vía de la
sub estimación por parte de los tenedores de dinero, coso que hasta
ahora no ha sucedido.
Podríamos estar generando si proponérnoslo la tan temida
cultura inflacionaria, la cual, por cierto, es bien distinta a la inflacion-especulacion
que actualmente conocemos en nuestro país.
El sostenimiento del signo monetario de un país pasa por el aprecio
que los ciudadanos tengan por el y, por lo tanto, salvo que el aumento
de la velocidad de la masa monetaria sea por efecto de una economía
realmente dinámica y altamente productiva, donde esta sirva para
comprar múltiples veces en el mismo mercado, no es conveniente
la emisión de denominaciones muy altas.
Debo recalcar que en nuestra economía, donde la oferta monetaria
es total y absolutamente desproporcionada respecto a la oferta de bienes
y servicios, son inconvenientes estas emisiones.
Debemos adecuar primero los niveles de liquidez con un mecanismo expedito
y transparente como la caja de conversión, aun asumiendo la radicalidad
de ésta.
Debemos cambiar las estructuras productivas del país, redimensionar
el Estado. Diseñar un nuevo esquema de desarrollo que ponga el
énfasis en lo que realmente podemos hacer, en los segmentos donde
tenemos inmensas ventajas comparativas, - a lo sumo 6 o 7 actividades
-.
“Promover un cambio verdadero tanto en la actitud, como en la aptitud
de la población” “NO HACERLO POR ELLA”, condiciones
ambas, principalisimas pero que por separado son insuficientes y un sin
fin de otras cosas, que son importantes para poder empezar a pensar en
emitir nuevas denominaciones que realmente tengan el valor adquisitivo
que su valor facial nos indica.
Este articulo, en realidad fue escrito y publicado en la prensa regional
hace unos tres años en el mes de mayo de 1995 solo cambian hoy
día las denominaciones a las que se refirió en ese entonces
– 2.000 y 5.000. Creo que el diagnostico no ha estado muy lejos
de la realidad, pero, en esta oportunidad podrían suceder algunos
de los que no llegaron a pasar.
AMANECERA Y VEREMOS.-
Romulo E. Lander Hoffmann.-
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