ECONOMíA

     Bolívar catalactico



Ej.: Catalactica; parte de la proxología que estudia los intercambios entre humanos definidos en términos monetarios

En esencia, la futura reconversión, o Reexpresión, o Redenominación monetaria, aunque aun no sabemos que conceptualización utilizaran al final, no es sino un mero ejercicio aritmético, agregarle el calificativo fuerte, es solo un subterfugio para intentar crear la ilusión (en la mente de los incautos) de que la nueva (?) moneda tendrá un poder adquisitivo mayor al bolívar actual. Argumento subliminal.

Básicamente, para que una moneda sea fuerte debe tener una estrecha interrelación con la productividad de su aparato económico, de manera que una misma unidad de la moneda sea capaz de producir más de la que previamente produjo. Y Venezuela, donde el segmento privado del aparato productivo va en pleno descenso, motivado principalmente por las políticas intervencionistas del estado, no esta en posición de crear (?) una nueva moneda fuerte. Especialmente, si comparamos sus índices de productividad contra cualquiera de los de sus socios comerciales principales. Es decir, no hay manera de que por esa vía se logre una modificación del tipo de cambio real. Este argumento rebate definitivamente las expresiones de jubilo de algunos de los funcionarios que últimamente han estado hablado sobre la supuesta fortaleza del nuevo Bolívar fuerte (?).

Por otro lado, “crear” una moneda artificialmente fuerte solo llevara a la economía del país al colapso total, al no poder este competir con los precios del exterior convirtiendo paulatinamente a nuestra economía en una economía de puertos que le dará poder total al estado, dado el rol de este en la elaboración de las listas de importación y sobre todo en la aprobación de las divisas necesarias para la importación de las mismas.

Para que una reconversión monetaria sea eficaz y eficiente debería estar precedida de medidas fiscales coherentes, y de una política monetaria (sic) racional. Las principales medidas fiscales que el gobierno debe tomar (entre muchas otras) son: Reducción del déficit fiscal, la eliminación de los gastos improductivos y la creación de empleo a través de la empresa privada. Y por el lado de la política monetaria entre otras cosas, es necesaria la reducción de los niveles de liquidez existentes en la economía y la utilización disciplinada del fondo de reservas especiales de forma de ahorrar parte de los ingresos petroleros sin que estos afecten (doblemente) los niveles de liquidez. Es así mismo de capital importancia que el gobierno tome conciencia de la imperante necesitad de reducir el gasto publico, o que destine a este gasto a inversiones realmente reproductivas y generadoras de una riqueza que pueda ser distribuida equitativamente entre toda la población.

En mi opinión, de la brecha fiscal del 2007 dependerá la magnitud de la devaluación del nuevo (?) Bolívar Fuerte (?). Devaluación que a la vez servirá para diluir las acreencias fiscales y el déficit fiscal mismo. Camino, por cierto, ya transitado consistentemente en Venezuela los últimos 23 años y con resultados dolorosamente conocidos por todos nosotros.

Si bien es cierto que la diferencia con otras reconversiones, reexpresiones, o redenominaciones o como quieran llamarlas, ocurridas en Latino América, cuyas nuevas monedas perdieron valor rápidamente por falta de políticas fiscales y monetarias que la apoyaran, la que llevara a efecto nuestro gobierno gracias a los ingentes ingresos petroleros, los cuales pareciera que “Por Ahora” continuaran estables y/o al alza, le darán un margen de aproximadamente un año antes de verse en la necesidad de devaluar por las razones antes mencionadas.

Este periodo de luna de miel y expectativas le dará tiempo al gobierno de inventarse una nueva guerra contra los demonios y quien quita, a lo mejor le dará los motivos para crear un Bolívar catalítico pero bajo la premisa del trueque.

Pareciera que alguien se esta leyendo a Von Mises.

Amanecerá y veremos.

Marzo de 2007

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